
IBIZA, ISLA de CONTRASTES
Hace veinte años tuve un póster de
Ibiza colgado en mi habitación, en un piso compartido
de estudiantes. Yo entonces cursaba 2º de turismo y nunca había estado en
Ibiza.
En el póster aparecía una mujer de espaldas con un largo traje de payesa,
con el fondo de una pared encalada y tres cruces negras sobre ella.
Abajo, en letras grandes, IBIZA..
Me gustó aquel póster, aunque me extrañó ver asociada aquella imagen a
Ibiza; una imagen que me atrajo, aunque no entendí.
Ropajes de campesina de la época de mi abuela, tres cruces negras sobre una pared encalada…
¿Qué significaba aquello y qué tenía que ver con
Ibiza, o al menos con la imagen que yo tenía?.
Nunca había estado aunque sí había oído hablar mucho de ella.
¿Quién no había oído hablar de Ibiza, lugar famoso en el mundo entero donde se daban cita los más variados personajes y fiestas de renombre?.
Por aquel entonces yo estudiaba
Turismo lejos de allí, sin saber muy bien a qué me dedicaría, y sin poder imaginar que
Ibiza llegaría a ser el lugar donde crearía mi propio hogar físico y psíquico.
No imaginaba por aquel entonces, que me dedicaría en un futuro a explicar a otros aquello que para mí resultaba incomprensible.
Al cabo de unos años, casi sin pretenderlo recalé en Ibiza.
Y casi sin quererlo me convertí en guía oficial.
Y la imagen de aquel póster cobró sentido para mí: simplicidad, arraigo a la tierra, respeto y armonía del hombre con su entorno, funcionalidad…
Una filosofía de vida mantenida durante siglos por los payeses, y que muy bien entendieron los primeros hippys aquí llegados.
Forma de vida que comenzó a fenecer cuando el turismo de masas hizo su entrada en la isla allá por los años setenta, y territorio rural que aún se resiste a sucumbir a las impersonales construcciones modernas que se extienden por tantos y tantos lugares turísticos que ya perdieron el alma.
Ibiza aún la conserva.
El póster me habla de la arquitectura ibicenca; de las iglesias, blancas, sencillas y lejos de los oropeles; iglesias usadas durante siglos como lugares de reunión, de culto y de protección contra ataques
invasores.
Ibiza es un lugar de contrastes, de opuestos.
Me habla de los payeses, arraigados a la tierra y mantenedores de costumbres ancestrales.
Me habla de la naturaleza y de la belleza de la
simplicidad, nada que ver con esa otra imagen
superficial y
materialista que también forma parte de esta
tierra.
El pasado convive con la
última modernidad; el
respeto por la tierra, con la más elevada codicia.
Lo viejo y lo último pueden convivir en tranquila armonía.
El yin y el yan de nosotros mismos.
Y quizás sea ese otro de sus
atractivos.
Cuando pienso en Ibiza a la mente me vienen imágenes de un
cielo nítido y azul de otoño, de pequeñas
calas bañadas de aguas tranquilas, de
verdes montes, de tierra roja salpicada de
almendros, viñas, olivos y blancas casas payesas.
A pesar de que también la asocie a las aglomeraciones del
verano, al descontrol, al vicio desenfrenado, a la destrucción de su
territorio.
El yin y el yan.
Los opuestos.
Ibiza, lugar elegido por los primeros hippys de los años sesenta como
nexo de unión entre occidente y oriente, como templo espiritual alejado
del materialismo al que irremediablemente se ha abocado el mundo..
Refugio y paraíso de tantos huidos.
También para mí, refugio y paraíso que lucha por persistir.
Por
GUIA d’IBIZA: Karina Perez Muros
Miembro
del A.P.I.T.I.F
-
Asociación
Profesional de Informadores Turísticos de Ibiza y Formentera -

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